El turismo representa más del 12% de la economía española; sin embargo, los grandes emisores de turistas hacia España – Estados Unidos, Europa y China- están siendo los más afectados por la crisis del coronavirus.

La pandemia está siguiendo diferentes ritmos en cada zona geográfica y, hasta que no se recuperen todas las zonas y se encuentre una vacuna, los viajes estarán muy limitados.

Puedo imaginarme un futuro próximo. Para empezar, como sufridor de la situación económica del sector turístico, me olvidaré de las rentas por alquileres vacacionales, al depender éstas de los vuelos de nórdicos (Canarias) y de ingleses (Murcia). La península podrá sobrevivir gracias al turismo nacional, no así las islas que, hasta que en Europa no volvamos a desplazarnos en avión, será complicado que se recuperen.

Así, nuestro turismo será fundamentalmente nacional y se tenderá a ir más al campo; los turistas buscarán alojarse en casas particulares y no tanto en hoteles y, de ser así, se inclinarán por aquellos tipo boutique. Y es que, en toda Europa, tenderemos a vacacionar en entornos familiares, en segundas viviendas propias o compartidas con personas conocidas, aunque sólo sea por la percepción psicológica.

La necesidad de recuperación de la actividad empresarial en España dificultará, asimismo, disfrutar de vacaciones largas, al menos este año. Pero más relevante será la reducción de la renta disponible para el gasto en vacaciones de las familias europeas dada la recesión y el aumento del desempleo, así como el efecto cautela/ahorro que, además, tirará los precios a la baja.

También bajará el precio de los inmuebles, los hoteles y apartamentos, ya que subirán los costes asociados a los impuestos (IBI, permisos de obras, licencias, etc.) para financiar los mayores costes de los servicios públicos y sus menores ingresos.

Los restaurantes venderán la mitad, al tener que separar la distancia entre las mesas y, por tanto reducirlas; y los bares, quedarán reducidos a la distribución de ingestas esenciales, perdiendo su capacidad socializadora.

Respecto a los medios de transporte, limitaremos el uso de vehículos compartidos y usaremos más el vehículo privado. Evitaremos, en la medida de lo posible, viajar en avión, así como las aglomeraciones en los aeropuertos, los controles de seguridad y, en definitiva, esa forma de viajar tan cerca los unos de los otros. Al tren le daremos una oportunidad, por la mayor amplitud de las estaciones, siempre que los operadores garanticen una separación mayor entre personas al interior de los vagones.

Se suspenderán ferias y congresos, que se realizarán de manera virtual gracias a las numerosas plataformas digitales desarrolladas para los estos fines.

A los turistas americanos, en particular, les costará volver ya que su presidente, Donald Trump, se refirió a España como un país “destrozado por el virus”, por lo que tardaremos más que los demás países en recuperar la afluencia de turistas.

Será la ruina para muchos y España tendrá que reinventarse como país turístico.

No todo será negativo, sin embargo, pues es probable que los engendros del turismo masivo barato, del turismo “de borrachera”, como Magaluf o Malta, se reconviertan.

La recuperación gradual del mercado sólo será posible si se garantiza la seguridad sanitaria; por ello, todos los actores tendrán que instalar medidas de protección como sistemas ultravioletas, mamparas, etc.

Esta situación no se recuperará sola; hará falta un plan de choque específico para el turismo, con dinero público y privado, que colabore a un cambio hacia servicios más sostenibles y de mayor calidad.

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